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Un milagro llamado JM

Van más de dos años de tu nacimiento, pero aún veo tus fotos de recién nacido y pienso en todo lo que pasamos juntos para traerte al mundo. Una cita médica a las 38 semanas se convirtió casi en un corre y corre. Gracias a que mi OBGYN es de excelencia, sus palabras lograron calmarme.

Llegué a la oficina con dolor de cabeza y mareada. Signos clásicos de presión alta. Efectivamente, mi presión sobre 139/90. A lo que me piden que me vaya a caminar, tomar agua y regresar para una segunda toma de presión sanguínea. Esta vez salió más alta. Ya preocupada, mi OBGYN me indica que necesita tomarme una muestra de orina para saber si tenía proteínas en orina. Yo sabía sus sospechas y me alarmé un poco. Ciertamente si tenía trazas de proteínas en orina. Por lo que, a las 12:00 pm me siento a hablar con ella sobre las opciones. Plan A: entrarme a Sala de Partos para observación con solo 2 centímetros de dilatación. Con mi historial de amenaza de aborto, era una opción, pero no la más oportuna. Plan B: inducirme el parto, pues mi presión seguía subiendo. Decidimos admitirme a sala de partos para asegurarnos que no tuviera más síntomas.

Justamente, ese día mi madre, mi tía de crianza y mi Médico Naturopático tomarían un vuelo para sus vacaciones juntas. Al terminar de hablar con la doctora, llamo a mi madre. Estaba ya montada en el avión. Le estaban cerrando la puerta en su cara mientras hablaba conmigo. Ninguna de las tres podía bajarse del avión. Ninguna de las tres iba a poder estar en mi parto como había planificado. Así que, armada de valor le dije a mami que todo estaría bien.

Salgo de la oficina médica con el papá de mi hijo para mi casa a buscar mi maleta y regresar al hospital. Por órdenes de la doctora podía comer. Por lo que mis antojos me decían que comiera arroz con habichuelas y pollo. Lo más cercano y más saludable, Pollo Tropical. Pedimos por servi-carro mientras yo estaba enviándole mensajes de texto a mi familia. El padre de mi hijo con los nervios de punta, pagó la comida y… la dejó en la ventanilla. Siguió como si nada hasta que yo me percato. Tuve que hacerlo virar y yo entrar al local ya con contracciones a recoger lo que sería "mi última cena" hasta parir. Entre risas y nervios, almuerzo en el carro camino al hospital.

Al llegar, el proceso de parto fue bastante llevadero. Me entrevista para el historial clínico un colega y amigo. Entre risas hablábamos de lo más normal. Entrando a las 2:30 pm y ya a las 4:30 pm me estaban induciendo. Dando la ronda de salida, me toca otra colega y amiga desde escuela elemental. Excelente residente de OBGYN y actualmente alguien que considero una eminencia en el tema. Entre ella y mi OBGYN me harían el parto, pero… aún mi proceso de dilatación estaba lento, por lo que mi OBGYN se despide jocosamente "Nos vemos en la mañana."

Yo estaba tranquila. Tantos partos vistos como estudiante de Medicina, ya me sabía los protocolos básicos. El papá de mi bebé, un mar de nervios. Vimos películas, hablamos, vimos un juego de baloncesto y a las 3:00 am le dije que fuera a descansar. La realidad era que me estaba haciendo la fuerte y ya necesitaba una dosis de Demerol y Phenergan. Entre las náuseas, las contracciones y el sueño, sentía que necesitaba recargar baterías para lograr mi parto vaginal. Había hablado de mi plan de parto desde mucho antes y mi OBGYN fue un tremendo apoyo al respecto. Descansé al menos una hora y media, pues ya para las 5 am me estaban volviendo a evaluar. Dilatando como el reloj, rompiendo fuente y ya bebé bajando. Para las 6:30 am ya estaba casi completamente dilatada. Todo ocurrió muy rápido, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en la burra para parir. Mi milagro de vida nació a las 8:08 am, 16 horas después de entrar a Sala de Partos. No puedo pedir mejor parto. Acompañada un equipo de OBGYN de excelencia, tener una de mis amigas de la infancia conmigo y la voluntad para lograr esperar como el cuerpo me lo indicaba.

En cuánto al postparto y la lactancia… hablaremos la próxima semana.

XOXO,
Pau

"Una madre ve luces por sus hijos y un hijo le da luz a la vida de una madre."


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Jugando a Doctora

Son pocas las personas que pueden decir que un momento de su vida ha dado la definición total a su futuro. Yo puedo decirlo. Desde que tenía 8 años, ya había tomado la decisión de ser Pediatra. Niños de esa edad cambian fácilmente de decisiones, pero ya yo tenía la decisión fija. Te cuento un poco de como llegué a ella. Normalmente, mi madre nos llevaba a mi hermana y a mi a visitas de rutina donde mi tío, quién es Pediatra. Como toda niña curiosa, siempre me metía en el área de evaluación a jugar con las pesas, el estetoscopio de juguete y la bata blanca de mi tío. Eran juegos de niños a imaginar ser grandes. Este día no fue la excepción, pero las cosas se tornaron un poco distintas al ver un niño de 4 años ponerse peor de salud y llorar de dolor abdominal de tanto haber estado vomitando. En vez de mirar para otro lado, me acerqué donde el niño a hablarle y calmarlo diciéndole: “Todo estará bien. El doctor es muy bueno y te va a curar.” En ese instante, mi tío salía de su oficina privada. Al ver la escena y que el niño se había calmado en mis brazos, me pidió que pasara de la mano del niño al área de evaluación. Me puso su estetoscopio en mis oídos y me ayudó a pararme en la banqueta para alcanzar la camilla. Así, me enseñó por primera vez como eran los ruidos intestinales. Mientras el niño estaba acostado ya tranquilo y mirándome con ojos de confianza, ausculté su corazón y estómago. ¡Mis ojos brillaban! Había escuchado ruidos que a oído simple nunca lograría. Así nace en mi la decisión de ser Pediatra. Sabía que quería ayudar a otros niños a sanarse y cuidarlos como lo hice ese día.

 

Pasaron mis años escolares y llegó el momento de tomar la decisión de donde deseaba estudiar mis primeros años universitarios. Mi sueño, estudiar en la Universidad de Puerto Rico de Rio Piedras. Ese sueño no se me cumplió por no tener la cantidad de puntos necesarios para la admisión. Mi segunda opción, el recinto de Ponce. Fui, soy y siempre seré “Rojo y Negro Siempre”. 5 años en la UPR de Ponce lograron formar con más ímpetu mi deseo de ser Pediatra. Durante mi segundo año, tuve la oportunidad de rotar 2 meses como voluntario en un hospital de Puerto Rico. Vi cantidades de operaciones, nacimientos, situaciones de salud complejas, pero sobretodo, poder entrar bajo supervisión al “Nursery” y ver esos ángeles acabados de nacer. Nada más bello que un recién nacido.

Cada experiencia vivida en UPR Ponce reforzaba mi decisión. Tomé mi MCAT (el examen de entrada para Medicina), en el que tuve un ataque de pánico a mitad de examen. No pude completarlo como debía. No era el primer ataque de pánico que me sucedía, pero no sabía como manejarlos correctamente. Siempre he pensado que las cosas pasan por un motivo mayor a nuestros deseos y así fue. No esperé otro año más. Decidí irme a estudiar a República Dominicana. Yo tenía sed de aprendizaje y sabía los retos a los que me iba a enfrentar. Nada me detuvo. Los juegos de niños si se pueden convertir en realidad. La próxima semana te contaré de mis retos en RD. Por ahora, vamos rumbo a la meta… conseguir la licencia ASAP.

 

XOXO,

Pau

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