Pediatrics

Lo que trajo María…

Ciertamente han sido días difíciles. Estar incomunicada es la parte más fuerte. Para mi sorpresa, uno vuelve a acoplarse a los hábitos de antaño. María trajo incertidumbre, miedo, desolación, ansiedad y muchos rumores. Lo que si me sorprendió fue después del huracán.

Escuchar los vecinos de mi calle pedir ayuda unos entre otros como cuando era pequeña fue emocionante y poder mostrarle a JM como realmente deben ser unos buenos vecinos me llena de orgullo. Mi papá le relajamos diciéndole que es el alcalde de la calle. Una vez cesaron los vientos, se aseguró que todos estuvieran bien. Conjunto con otros vecinos, verificaron daños de cada casa conocida y comenzaron a limpiar poco a poco el área de escombros. Durante el huracán, la casa de la esquina se le volaron todas las planchas de zinc del segundo nivel. Muchas cayeron en la calle y se veían dando golpes a los portones o carros de mis vecinos de al frente. Para mi no es sorpresa la empatía y carisma de mis vecinos. Siempre hemos sido unidos. Mi sorpresa fue al tener que salir de mi casa y trasladarnos a otro lugar para preparar comida.

Ponce se caracteriza por sus avenidas llenas de árboles y arbustos robustos y frondosos, en especial por donde vivimos. La avenida principal de mi urbanización tiene árboles que llevan plantados más de 15 años. Verlos en el suelo fue ver la furia de los vientos de María sin necesidad de haber estado en vivo. Verlos en el suelo fue la primera pista de las cosas que nos íbamos a encontrar en el camino y el largo trayecto dd recuperación que tendríamos que vivir. Donde vivo no hubo daños tan severos, pero para estar incomunicada, mi percepción era que las cosas estaban mal.

Sabía que la situación sería complicada, pero no imaginaba que estaríamos tantos días así. Mi mundo se centraba solo en lo que ocurría en mi casa. La entrada y salida de mis familiares, los campanazos anunciando la visita o simplemente encontrarte a alguien conocido en la sala de casa era señal de volver a la comunicación antigua: toca la puerta a ver si hay gente. Siempre fue una sensación de alivio ver quien llegaba, pues implicaba una persona menos por la que preocuparse y una persona más de la que teníamos noticias. Mi familia toda trabaja, por lo que, mientras ellos salían a sus labores, yo me quedaba en casa con JM, mi hermana y mi sobrino y a la expectativa del paso de las horas para que regresaran y nos contaran su día y las últimas noticias. Bendecidos fuimos de que no pasara a mayores en mi calle, pero mi realidad no era la realidad del resto de Puerto Rico.

Al no tener como informarnos, solo cuando prendías el radio del carro o comentarios de los vecinos, desconocía la mitad de las informaciones, la otra cara de María y su desastre. Cuando logro por fin leer el periódico el día #7 después de María y leí noticias de personas lavando ropa a mano o bañándose en el río por la falta de agua recordé mucho mi niñez. Antes nos bañábamos en la lluvia por juego, ahora la gente se estaba bañando en la lluvia por necesidad. Antes una bolsa de hielo era algo fácil de conseguir. Ahora era un lujo de 8 horas en fila para mitad del hielo derretido.

En los ratos de silencio, tinieblas y calor por estar sin luz, mi única inquietud es saber cómo podía ayudar. Mi deseo era adentrarme al servicio público y brindar mi ayuda como voluntario en un hospital o algún centro de salud. Lo que pasa que no es tan fácil cuando no hay quién cuide de tu progenie mientras haces la labor, por lo que seguimos con el estetoscopio sin usar, pero buscando la manera de poder dar la mano en está situación. #PuertoRicoSeLevanta y con mayor ímpetu que antes. Veremos muchos cambios buenos luego del caos y con esos cambios me incluyo. Por ahora mi granito de arena es regalar una botella de agua fría a los policías en las luces cada vez que puedo y seguir publicando información valiosa en cuánto tengo señal. Y tu, ¿cómo has contribuido?

XOXO,
Pau

#Paulatinamente #metamorfosisprofesional #CronicasdeJM #PRseLevanta #futurePeds #PediatradeVocacion #KeepDreamingbyPaulette #DreamitDoit

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Jugando a Doctora

Son pocas las personas que pueden decir que un momento de su vida ha dado la definición total a su futuro. Yo puedo decirlo. Desde que tenía 8 años, ya había tomado la decisión de ser Pediatra. Niños de esa edad cambian fácilmente de decisiones, pero ya yo tenía la decisión fija. Te cuento un poco de como llegué a ella. Normalmente, mi madre nos llevaba a mi hermana y a mi a visitas de rutina donde mi tío, quién es Pediatra. Como toda niña curiosa, siempre me metía en el área de evaluación a jugar con las pesas, el estetoscopio de juguete y la bata blanca de mi tío. Eran juegos de niños a imaginar ser grandes. Este día no fue la excepción, pero las cosas se tornaron un poco distintas al ver un niño de 4 años ponerse peor de salud y llorar de dolor abdominal de tanto haber estado vomitando. En vez de mirar para otro lado, me acerqué donde el niño a hablarle y calmarlo diciéndole: “Todo estará bien. El doctor es muy bueno y te va a curar.” En ese instante, mi tío salía de su oficina privada. Al ver la escena y que el niño se había calmado en mis brazos, me pidió que pasara de la mano del niño al área de evaluación. Me puso su estetoscopio en mis oídos y me ayudó a pararme en la banqueta para alcanzar la camilla. Así, me enseñó por primera vez como eran los ruidos intestinales. Mientras el niño estaba acostado ya tranquilo y mirándome con ojos de confianza, ausculté su corazón y estómago. ¡Mis ojos brillaban! Había escuchado ruidos que a oído simple nunca lograría. Así nace en mi la decisión de ser Pediatra. Sabía que quería ayudar a otros niños a sanarse y cuidarlos como lo hice ese día.

 

Pasaron mis años escolares y llegó el momento de tomar la decisión de donde deseaba estudiar mis primeros años universitarios. Mi sueño, estudiar en la Universidad de Puerto Rico de Rio Piedras. Ese sueño no se me cumplió por no tener la cantidad de puntos necesarios para la admisión. Mi segunda opción, el recinto de Ponce. Fui, soy y siempre seré “Rojo y Negro Siempre”. 5 años en la UPR de Ponce lograron formar con más ímpetu mi deseo de ser Pediatra. Durante mi segundo año, tuve la oportunidad de rotar 2 meses como voluntario en un hospital de Puerto Rico. Vi cantidades de operaciones, nacimientos, situaciones de salud complejas, pero sobretodo, poder entrar bajo supervisión al “Nursery” y ver esos ángeles acabados de nacer. Nada más bello que un recién nacido.

Cada experiencia vivida en UPR Ponce reforzaba mi decisión. Tomé mi MCAT (el examen de entrada para Medicina), en el que tuve un ataque de pánico a mitad de examen. No pude completarlo como debía. No era el primer ataque de pánico que me sucedía, pero no sabía como manejarlos correctamente. Siempre he pensado que las cosas pasan por un motivo mayor a nuestros deseos y así fue. No esperé otro año más. Decidí irme a estudiar a República Dominicana. Yo tenía sed de aprendizaje y sabía los retos a los que me iba a enfrentar. Nada me detuvo. Los juegos de niños si se pueden convertir en realidad. La próxima semana te contaré de mis retos en RD. Por ahora, vamos rumbo a la meta… conseguir la licencia ASAP.

 

XOXO,

Pau

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